Mensajes de la Reina de la Paz al grupo de oración a través de Jelena Vasilij:

2 de julio de 1983. Culto al Sagrado Corazón de Jesús.

«Queridos hijos: dediquen cada mañana, al menos, cinco minutos de oración al Sagrado Corazón de Jesús y a mi Inmaculado Corazón para que sean colmados por Ellos. El mundo se ha olvidado de venerar los Sagrados Corazones de Jesús y de María. Que en cada casa sean colocadas las imágenes de los Sagrados Corazones y que cada familia los venere. Supliquen ardientemente a Mi Corazón y al Corazón de Mi Hijo y recibirán todas las gracias. Conságrense a nosotros. No es necesario recurrir a formas especiales de consagración. Pueden hacerlo con sus palabras, según lo que sientan.»

4 de julio de 1983. Orar tres oras cada día.

«¡Oren a mi Hijo Jesús! Diríjanse a menudo a su Sagrado Corazón y a mi Inmaculado Corazón. Pidan a los Sagrados Corazones que los colmen del verdadero amor con el que podrán amar a sus enemigos. Los he invitado a orar tres horas al día. Y ustedes han comenzado. Pero siempre miran el reloj, y preocupados se preguntan cuándo se podrán ocupar de sus deberes. Y así, están tensos y preocupados durante la oración. No hagan más esto. Abandónense en mí.  Súmanse en la oración. ¡Lo único esencial es dejarse guiar en profundidad por el Espíritu Santo! Solo de esa manera podrán tener una verdadera experiencia de Dios. De ese modo les irá bien en su trabajo y les quedará tiempo libre. Ustedes tienen prisa: quieren cambiar a las personas y las situaciones para alcanzar rápidamente sus objetivos. No se afanen, déjense guiar por mí y verán que todo les saldrá bien.»


ORACIÓN DE CONSAGRACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN – Dictada por la Virgen María Reina de la Paz a Jelena Vasilij el 27 de noviembre de 1983

«Recen a menudo y lo más posible esta oración de Consagración al Sagrado Corazón de Jesús: 

¡Oh! Jesús sabemos que tú eres misericordioso y que has ofrecido tu Corazón por nosotros, estas coronado de las espinas por nuestros pecados, sabemos que tu oras también hoy para que no nos perdamos, Jesús, acuérdate de nosotros cuando caemos en pecado, por medio de tu Corazón Santísimo has que todos los hombres se amen, que desaparezca el odio entre los hombres, muéstranos tu amor, todos nosotros te amamos y deseamos que tú nos protejas con tu corazón de Pastor de todo pecado, entra en cada corazón Jesús, llama, llama a la puerta de nuestro corazón, se paciente y perseverante, nosotros todavía nos mantenemos cerrados porque no hemos comprendido tu Voluntad, llama continuamente, has oh buen Jesús que te abramos nuestro corazón al menos en el momento en que recordamos tu Pasión sufrida por nosotros. Amén.»

ORACIÓN DE CONSAGRACIÓN AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA – Dictada por la Virgen María Reina de la Paz a Jelena Vasilij el 28 de noviembre 1983.

«Diríjanse a mi Inmaculado Corazón con estas palabras de consagración:

“Oh Corazón Inmaculado de María, lleno de bondad, muéstranos tu amor. Que la llama de tu Corazón,  María, descienda sobre todos los hombres. Nosotros te amamos inmensamente. Imprime en nuestro corazón el verdadero amor, así tendremos un deseo continuo por Ti. Oh María, dulce y humilde de corazón, acuérdate de nosotros cuando caemos en pecado. Tú sabes que todos los hombres pecan. Concédenos por medio de tu Corazón Inmaculado, ser curados de toda enfermedad espiritual. Haz que siempre podamos contemplar la bondad de tu Corazón maternal y por medio de la llama de tu Corazón haz que nos convirtamos. Amén.”»


Mensajes extraordinarios de la Reina de la Paz a los videntes de Medjugorje:

2 de agosto de 1983. Consagración al Inmaculado Corazón de María.

«Conságrense a mi Corazón Inmaculado. Abandónense totalmente en mí y los protegeré, y oraré al Espíritu Santo para que se derrame en ustedes. Invóquenlo también ustedes.»

19 de octubre de 1983. Consagrar las familias a los Sagrados Corazones.

«Deseo que cada familia se consagre cada día al Sagrado Corazón de Jesús y a mi Inmaculado Corazón. Estaría muy feliz si cada familia se reúne media hora cada mañana y cada tarde para rezar unida.»


Decir corazón significa decir amor, amor  desinteresado, amor que vence la inutilidad,  triunfa en la debilidad,  da vida, amor que es Dios. Con esta palabra se proclama que Dios está donde se le invoca: “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Con la palabra corazón se nombra algo que es totalmente corporal y sin embargo está en todo, hasta el punto de que puedes contar sus latidos y puedes detenerte en un llanto de felicidad porque ya no necesitas seguir adelante  pues has encontrado a Dios. ¿Quién puede negar que en esta palabra nos encontramos a nosotros mismos, a nuestro destino y al mismo camino de la existencia cristiana que se nos da como un peso y una gracia a la vez, y que se nos asigna como nuestra misión?

El término “consagración” viene de “consagrar”, es decir, hacer sagrado. En un sentido más amplio el término “sagrado” significa lo que pertenece a un orden de cosas reservado e inviolable, lo que debe ser objeto de respeto religioso por parte del creyente; y se firma inmediatamente que “sagrado” de manera plena y prioritaria se dice de Dios; de las cosas en cambio lo decimos por la relación que tienen con Dios, o porque significan, facilitan o llevan a cabo su presencia. La palabra “consagración” designa un acto que nos une a Dios a través de un vínculo tan estrecho que esta persona o cosa está reservada para el Señor.

Ya que ahora se trata de la persona, digamos inmediatamente: Dios elige y ante esta iniciativa es necesaria la colaboración del hombre; por lo tanto, la consagración implica el encuentro y la convergencia de dos voluntades: la de Dios y la del hombre que responde dándose a sí mismo. El resultado es que el hombre que se encuentra lleno por Dios está destinado a hacer de toda su vida un acto de adoración y alabanza al Señor. La llamada fundamental y más esencial es la bautismal y por ella Dios hace “suyo” al hombre para hacerlo “hijo” en el Hijo, asimilándolo y transformándolo plenamente en él. Puesto que la Iglesia no es otra cosa que el conjunto de aquellos que, acogidos por Cristo e insertados en él, participan y viven, “en su propia vida y en todo sentido, un pueblo que Dios  consagra para sí” (cf. L.G.9). La Iglesia es, pues, una Comunidad de naturaleza sagrada; algunos de sus miembros, sin embargo, están llamados a encarnar de manera específica algún aspecto particular de la sacralidad eclesial. Hay que subrayar, pues, que esta nueva “consagración”, aunque se basa en la consagración bautismal, difiere esencialmente de la común a todos los fieles (cf. LG10) porque en la Iglesia, además de la consagración bautismal, son posibles y necesarias otras nuevas consagraciones. En cuanto a la consagración religiosa, el Consejo dice que: “tiene sus profundas raíces en la consagración bautismal y es su expresión más perfecta” (PC5).