¡Queridos jóvenes!

La reunión anual de jóvenes en Medjugorje es un tiempo lleno de oración, catequesis y encuentro fraterno, que les brinda la oportunidad de conocer a Jesucristo vivo, de manera especial en la celebración de la Santísima Eucaristía, en la adoración ante el Santísimo Sacramento, así como en el Sacramento de la Reconciliación. Por lo tanto, les ayuda a descubrir otra manera de vivir, diferente de la que ofrece una cultura de lo temporal, según la cual nada puede ser permanente y que solo conoce el disfrute del momento presente. En esta atmósfera de relativismo, en la que es difícil encontrar respuestas verdaderas y seguras, el lema del Festival: “Ven y ve” (Jn 1,39), las palabras que Jesús dirigió a sus discípulos, son una bendición. Jesús te está mirando, invitándote a ir y quedarte con él.

¡No tengas miedo! Cristo vive y te quiere vivo. Él es la verdadera belleza y juventud de este mundo. Todo lo que toca se vuelve joven, nuevo, lleno de vida y significado (cf. Exhortación apostólica Christus vivit, 1). Esto es exactamente lo que vemos en la escena del evangelio, en la que el Señor pregunta a los dos discípulos que lo siguen: “¿Qué buscáis?”. Y ellos responden: “Rabí, ¿dónde vives?”. Y Jesús les dice: “Venid y veréis” (cf. Jn 1,35-39). Fueron, vieron y se quedaron. La experiencia de conocer a Jesús quedó tan impresa en la memoria de los discípulos que uno de ellos también registró el momento de la reunión: “Eran aproximadamente las cuatro de la tarde” (v. 39).

El Evangelio describe cómo, después de estar en la casa del Señor, los dos discípulos se convirtieron en “mediadores” que permitieron que otros se reunieran con Él, lo conocieran y lo siguieran. Andrés fue inmediatamente a compartir su experiencia con su hermano Simón y lo trajo a Jesús. Al verlo, el Maestro le dio el apodo: “Kefas”, es decir, “Roca”, que se convertiría en el nombre personal de Pedro (cf. Jn 1,40-42). Esto muestra cómo, al encontrarnos con Jesús, nos convertimos en una persona nueva, y recibimos la misión de transmitir esa experiencia a otros, pero con una visión siempre enfocada en Él, en el Señor.

Querido joven, ¿te has encontrado con esta mirada de Jesús que te pregunta: “¿Qué estás buscando?”? ¿Has escuchado su voz decir: “Ven y ve”? ¿Sentiste esa necesidad de ir? Pasa este tiempo con Jesús, para llenarte de su Espíritu y así estar preparado para la aventura de la vida. Ve a su encuentro, quédate con Él en oración, confía en Él, porque es un conocedor del corazón humano.

El hermoso llamado del Señor, “Ven y ve”, que nos fue transmitido por un joven y amado discípulo de Cristo, también está dirigido a todos los futuros discípulos. Jesús te invita a conocerlo, y es este Festival el que te brinda la oportunidad de “venir y ver”. La palabra “venir”, además de señalar el movimiento físico, tiene un significado espiritual mucho más profundo. Señala un camino de fe cuyo objetivo final es “ver”, es decir, experimentar al Señor y, gracias a Él, ver el significado completo y definitivo de nuestra existencia.

La Virgen María sigue siendo el gran modelo para la Iglesia de corazón joven, que está dispuesta a seguir a Cristo con renovada frescura y fidelidad. La fuerza de su “sí” y del “hágase”, que pronunció ante el ángel, nos deleita una y otra vez. Su “sí” significa comprometerse y arriesgarse, sin más garantía que la certeza de saber que es portadora de una promesa. Su “He aquí la sierva del Señor” (Lc 1,38) es el ejemplo más hermoso que nos dice lo que sucede cuando el hombre, en su libertad, se entrega a las manos de Dios.

¡Deja que este ejemplo te inspire y sea tu guía! María es la Madre que vela “por nosotros, sus hijos, que caminamos por la vida a menudo abrumados por la fatiga, necesitados, pero con el deseo de que la luz de la esperanza no se apague. Este es nuestro deseo: que la luz de la esperanza no se apague. Nuestra Madre mira a este pueblo peregrino, pueblo de jóvenes querido por ella, que la busca en silencio aunque en el camino haya tanto ruido, conversaciones y distracciones” (Christus vivit, 48).

Queridos jóvenes, “corran atraídos por ese Rostro que amamos tanto, que adoramos en la Eucaristía y reconocemos en el cuerpo de nuestros hermanos y hermanas que sufren. Que el Espíritu Santo los empuje en esta carrera hacia adelante. La iglesia necesita su entusiasmo, sus intuiciones, su fe” (op. cit., 299). En esta carrera por el Evangelio, inspirada también en este Festival, los encomiendo a todos a la intercesión de la Santísima Virgen María, invocando la luz y el poder del Espíritu Santo para que puedan ser verdaderos testigos de Cristo. Rezo por eso, los bendigo, pidiéndoles que recen también por mí.